10 August 2026
2026/07/24 - 20:27
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Discurso del Dr. Seyed Abbas Araghchi

Discurso del Dr. Seyed Abbas Araghchi Ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica del Irán en la Reunión del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Organización de Cooperación de Shanghái Cholpon-Ata República Kirguisa

Excelentísimo Sr. Jeenbek Kulubayev, Ministro de Asuntos Exteriores de la República Kirguisa;

Excelentísimos Ministros de Asuntos Exteriores de los Estados miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái;

Señor Secretario General;

Señoras y señores:

Permítanme, en primer lugar, expresar mi más sincero agradecimiento y reconocimiento al Gobierno y al pueblo amigo de la República Kirguisa, y en particular a Su Excelencia el Sr. Jeenbek Kulubayev, Ministro de Asuntos Exteriores, por la excelente organización de esta reunión y la cálida hospitalidad brindada con ocasión de esta importante cumbre.

Estoy convencido de que este encuentro, celebrado en vísperas del vigésimo quinto aniversario de la Organización de Cooperación de Shanghái, constituye una valiosa oportunidad para profundizar la cooperación transregional, fortalecer el multilateralismo y trazar nuevos horizontes de colaboración entre los Estados miembros.

Hoy, la Organización de Cooperación de Shanghái atraviesa un momento decisivo en la evolución del sistema internacional. El mundo enfrenta desafíos sin precedentes, entre ellos la expansión del unilateralismo desenfrenado, el debilitamiento de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas, el recurso ilícito al uso de la fuerza, la imposición de sanciones unilaterales e indiscriminadas y la instrumentalización de los mecanismos económicos y financieros con fines de presión política.

En tales circunstancias, la responsabilidad de la Organización de Cooperación de Shanghái, como una de las instituciones transregionales más importantes del mundo, que reúne una parte considerable de la población mundial, de la economía global, de los recursos energéticos y de las capacidades estratégicas, adquiere hoy una relevancia mayor que nunca. La Organización puede y debe convertirse en una voz firme en defensa del multilateralismo, del respeto a la soberanía nacional, de la igualdad soberana de los Estados y del Estado de Derecho en las relaciones internacionales.

Estimados colegas:

En los últimos meses, la República Islámica del Irán volvió a ser objeto de una agresión militar manifiesta por parte de los Estados Unidos de América y del régimen sionista. Tras los ataques de junio de 2025, el mundo fue nuevamente testigo, entre febrero y abril de 2026, de una nueva serie de agresiones militares contra Irán, acciones que no solo atentaron contra la seguridad de nuestro pueblo, sino también contra la credibilidad de todo el sistema jurídico internacional.

El 28 de febrero de 2026, el pueblo iraní vivió uno de los días más trágicos y dolorosos de su historia. Ese día, el Líder de la Revolución Islámica, máxima autoridad política y religiosa de la República Islámica del Irán, fue martirizado junto con miembros de su familia mientras se encontraba en su despacho oficial.

Simultáneamente, una escuela de la ciudad de Minab fue objeto de un ataque en el que 168 estudiantes, miembros del personal docente y administrativo y familiares fueron masacrados en un acto criminal.

Estos crímenes no se limitaron a esos hechos. Ese mismo día, un estadio deportivo de la ciudad de Lamerd, en la provincia de Fars, fue atacado. De acuerdo con las pruebas técnicas y los restos de las municiones empleadas, el ataque se llevó a cabo con armamento cuyo uso es incompatible con los principios fundamentales del Derecho Internacional Humanitario y que, por primera vez, fue utilizado contra civiles, en particular contra jóvenes deportistas que practicaban actividades deportivas. Jóvenes que soñaban con alcanzar títulos y destacar en competiciones nacionales e internacionales fueron brutalmente asesinadas.

Cuando los ataques contra centros educativos, hospitales, infraestructuras vitales, instalaciones económicas e incluso instalaciones nucleares pacíficas sometidas a la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica quedan sin una respuesta efectiva por parte de la comunidad internacional, ningún país puede tener la certeza de que mañana no será él mismo la víctima de semejante conducta. 

Más preocupante aún es que estas agresiones se perpetraron precisamente cuando la República Islámica del Irán había optado por la vía de la diplomacia y el diálogo, y las negociaciones para la solución de las diferencias se encontraban en curso. La respuesta a la diplomacia no llegó a través de la negociación, sino mediante la agresión militar. Una conducta de esta naturaleza debilita la confianza en la diplomacia, pone en tela de juicio la credibilidad de los mecanismos pacíficos de solución de controversias y transmite un mensaje sumamente peligroso para el futuro de las relaciones internacionales.

 Después de la comisión de crímenes de tal magnitud, quizá el hecho más doloroso sea el intento de normalizarlos. La experiencia contemporánea ha demostrado que un crimen que se enfrenta al silencio, a la ambigüedad o a la indiferencia de la comunidad internacional no solo no se detiene, sino que termina convirtiéndose en un precedente para su repetición.

 

La responsabilidad por estos crímenes no recae únicamente sobre sus autores directos. Todo apoyo político, militar o de inteligencia brindado a los agresores, e incluso el silencio o las posturas ambiguas frente a estas flagrantes violaciones del Derecho Internacional, contribuyen al debilitamiento del Estado de Derecho y alientan a los responsables a perseverar en tales conductas ilícitas.

 Señoras y señores:

 Lo que ha afrontado la República Islámica del Irán no constituye únicamente una amenaza contra la seguridad nacional de un país, sino un desafío a los principios fundamentales sobre los que se sustenta el orden jurídico internacional. Por ello, la defensa de estos principios no significa únicamente la defensa de la República Islámica del Irán; representa la defensa de la seguridad colectiva, de la estabilidad regional y de la credibilidad del Derecho Internacional.

 

Si el principio de la prohibición del uso de la fuerza se debilita y la agresión militar pasa a convertirse en un instrumento habitual de las relaciones internacionales, ningún Estado, independientemente de su tamaño, poder o ubicación geográfica, estará a salvo de sus consecuencias.

 La República Islámica del Irán ejerció, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, su derecho inherente a la legítima defensa y defendió su soberanía, su independencia y su integridad territorial dentro del marco del Derecho Internacional.

 Al mismo tiempo, la República Islámica del Irán ha demostrado, una vez más, que nunca ha iniciado una guerra ni lo hará en el futuro. Nuestra política de principios siempre se ha basado en el diálogo, la diplomacia, la buena vecindad y la cooperación regional. Seguimos convencidos de que una paz duradera solo será posible cuando la agresión, la ocupación, las amenazas y los dobles raseros sean sustituidos por el respeto mutuo, la aplicación imparcial del Derecho Internacional y el cumplimiento genuino de las obligaciones internacionales.

 

La paz debe construirse, preservarse y consolidarse.

 

Excelencias:

 

A pesar de que apenas han transcurrido unas semanas desde la firma del Memorando de Islamabad para poner fin a la guerra, los Estados Unidos de América han demostrado una vez más que no respetan sus compromisos.

 La violación manifiesta de las disposiciones de dicho Memorando, mediante ataques contra infraestructuras de transporte, instalaciones de abastecimiento de agua potable, embarcaciones pesqueras, buques mercantes locales, centros meteorológicos y otras infraestructuras civiles, constituye una flagrante violación del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario, así como una clara manifestación de la persistencia de la política basada en el recurso a la fuerza y en el desprecio por las obligaciones internacionales.

 Al mismo tiempo, la intervención directa de los Estados Unidos en la aplicación de los mecanismos de seguridad y navegación en el estrecho de Ormuz y la reimposición del bloqueo naval volvieron a poner en peligro la seguridad de una de las vías marítimas estratégicas más importantes del mundo, perturbando el normal desarrollo de la navegación comercial internacional.

 La experiencia de los últimos meses ha demostrado con claridad que la seguridad del golfo Pérsico y del estrecho de Ormuz no puede garantizarse mediante la presencia e intervención de fuerzas extrarregionales, sino a través de la cooperación entre los países de la región, el respeto mutuo y el sentido de responsabilidad compartida.

 La República Islámica del Irán, al tiempo que reafirma su firme determinación de defender la soberanía, la independencia y la integridad territorial del país, declara que toda participación, cooperación o asistencia en la comisión de actos de agresión contra Irán generará responsabilidad internacional para las partes involucradas.

 Asimismo, la República Islámica del Irán, de conformidad con el Derecho Internacional, se reserva el derecho de adoptar todas las medidas necesarias en el marco de la legítima defensa y considerará cualquier fuente de agresión contra el pueblo iraní como un objetivo legítimo de las acciones defensivas de sus Fuerzas Armadas.

Excelentísimos Ministros de Asuntos Exteriores:

 La República Islámica del Irán condena en los términos más enérgicos la continuación de las agresiones del régimen sionista contra el Líbano, las reiteradas violaciones de la soberanía y de la integridad territorial de ese país, así como el incumplimiento manifiesto del Memorando de Islamabad por parte de los Estados Unidos de América y del régimen israelí.

 La persistencia de estas acciones ha expuesto la seguridad y la estabilidad de Asia Occidental a graves riesgos.

 Al mismo tiempo, la prolongación de la tragedia humanitaria en Gaza, la continuidad de la ocupación, la matanza de civiles, la destrucción masiva de infraestructuras esenciales y la privación del pueblo palestino de sus derechos humanos más elementales siguen constituyendo una de las crisis más profundas para la conciencia de la humanidad y una de las amenazas más graves para la paz y la seguridad regionales e internacionales.

 La impunidad de los responsables de estos crímenes no solo ha contribuido a la escalada de la violencia, sino que también ha puesto seriamente en entredicho la credibilidad del sistema jurídico internacional y de los mecanismos multilaterales.

 La República Islámica del Irán reitera la imperiosa necesidad de poner fin de inmediato a todas las acciones militares contra la población civil, levantar por completo el bloqueo, garantizar un acceso humanitario pleno y sin obstáculos, rechazar categóricamente cualquier intento de desplazamiento forzoso del pueblo palestino y respaldar el derecho del pueblo palestino a la libre determinación.

 

No será posible alcanzar una paz duradera en la región mientras no cesen la ocupación y no se restituyan los derechos legítimos del pueblo palestino.

 Excelencias:

 La evolución de la situación en Afganistán continúa siendo una de las cuestiones más importantes en materia de seguridad y desarrollo dentro del ámbito de la Organización de Cooperación de Shanghái.

 La estabilidad y la seguridad de Afganistán poseen una importancia estratégica no solo para el pueblo afgano, sino también para todos los países de la región.

 La lucha eficaz contra el terrorismo, el extremismo, la delincuencia organizada transnacional, el narcotráfico, la migración irregular y los desafíos humanitarios requiere una cooperación estrecha, coordinada y sostenida entre los países de la región en el marco de los mecanismos multilaterales, particularmente de la Organización de Cooperación de Shanghái.

 La República Islámica del Irán, teniendo presentes sus profundos vínculos históricos, culturales y civilizatorios con el pueblo afgano, y guiándose por los principios del respeto a la soberanía nacional, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados y la responsabilidad compartida regional, apoya toda iniciativa encaminada a la construcción de un Afganistán seguro, estable, desarrollado, libre de terrorismo y dotado de un gobierno inclusivo.

 

Asimismo, hace un llamamiento para que cesen las tensiones y enfrentamientos entre Afganistán y el país amigo y hermano de Pakistán.

 Estimados colegas:

 Ha llegado el momento de que, además de valorar los importantes logros alcanzados por la Organización de Cooperación de Shanghái durante sus veinticinco años de existencia, proyectemos también su visión de futuro.

 A lo largo de estos años, la Organización ha demostrado que una cooperación regional basada en la confianza mutua, el respeto de los intereses comunes, la igualdad entre los Estados miembros y el rechazo de los enfoques confrontacionales puede desempeñar un papel decisivo en la consolidación de una estabilidad duradera, el desarrollo compartido y el fortalecimiento de los vínculos entre los pueblos.

 La importancia de esta Organización no radica únicamente en su extensión geográfica, el tamaño de su población o el potencial económico de sus miembros, sino también en su capacidad para crear nuevos mecanismos de cooperación entre civilizaciones, economías y regiones del mundo.

 En un contexto en el que las estructuras económicas y financieras internacionales se ven cada vez más afectadas por las rivalidades políticas, las restricciones unilaterales y la instrumentalización de las interdependencias económicas, la Organización de Cooperación de Shanghái puede desempeñar un papel esencial en el fortalecimiento de una cooperación económica independiente, el aumento de la resiliencia de las cadenas de suministro, el desarrollo del comercio regional y la facilitación de la conectividad económica entre sus Estados miembros.

 Uno de los principales objetivos de la Organización durante el segundo cuarto de siglo de su existencia debe ser avanzar desde una cooperación predominantemente política y de seguridad hacia una asociación integral de carácter económico, tecnológico y orientada al desarrollo.

 Las vastas capacidades de los Estados miembros en materia de energía, recursos naturales, mercados de consumo, capital humano, tecnología y posición geopolítica ofrecen una oportunidad excepcional para construir una red duradera y sostenible de cooperación económica.

 La República Islámica del Irán considera que la consecución de este objetivo exige prestar especial atención al fortalecimiento del comercio recíproco, la facilitación de las inversiones, la ampliación de la cooperación bancaria y financiera, el aprovechamiento de mecanismos monetarios y financieros independientes y el establecimiento de corredores de transporte y tránsito seguros, eficientes y sostenibles.

 Gracias a su singular posición geopolítica, Irán constituye un eslabón estratégico que conecta Asia Central, Asia Meridional, Asia Occidental y las aguas internacionales, y está dispuesto a poner al servicio de los Estados miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái sus amplias capacidades en materia de corredores de transporte, seguridad energética, comercio regional y cooperación económica.

 El futuro de esta Organización debe edificarse sobre un enfoque integral y multidimensional, en el que la seguridad, el desarrollo económico, la energía, la conectividad regional, la tecnología y la cooperación humanitaria avancen de manera complementaria.

 El fortalecimiento de los corredores de tránsito, el desarrollo de corredores regionales, el incremento de las inversiones conjuntas, la facilitación del comercio entre los Estados miembros y el aprovechamiento del inmenso potencial energético y de los recursos naturales de los países integrantes pueden convertir a la Organización de Cooperación de Shanghái en uno de los principales motores del crecimiento y del desarrollo durante el siglo XXI.

 En este camino, debemos actuar con mayor solidaridad y cooperación para no permitir que la agresión sustituya a la diplomacia, que la fuerza prevalezca sobre el Derecho y que los dobles raseros reemplacen a la justicia.

 Un futuro más seguro, más estable y más justo solo será posible si todos defendemos con una sola voz el Estado de Derecho, la igualdad soberana de los Estados, el respeto a la independencia de los países y la dignidad de las naciones.

 La Organización de Cooperación de Shanghái puede y debe situarse en la primera línea del cumplimiento de esta responsabilidad histórica.

 Muchas gracias por su atención.

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